EXAMENES, ¿SON VERDADERAMENTE NECESARIOS?
Se trata de un tema objetivo, dependiendo de la edad.
Desde un punto de vista de un adolescente, no se ve necesario esto de realizar un examen para examinarse. Esto no ocurre solo por el decir, “me libro y no estudio” de algunos adolescentes. La mayoría de estos son capaces de superar cada una de estas pruebas, pero la mayoría de veces la finalidad de todos es sacar una nota apta para el examen y que esa nota sea como la prueba de sus conocimientos.
Sin embargo, a todos nos ha pasado alguna vez, nadie se libra de no tener de esos días más y menos nerviosos, y en ocasiones, todos podemos tener un mal día para que un examen no salga tan bien como lo sabes hacer, hablando desde el punto de vista de estudiante. Hasta ahora, si esto sucede es mala suerte. La solución de un suspenso es que después tienes la llamada recuperación, resultando ser un examen más, donde de nuevo es posible aumentar los nervios y que sea una vez más estudiar para aprobar.
Pero, ¿y si estos no existieran, como nos evaluarían? Buena pregunta la verdad. Yo personalmente creo que deberían inventar los chips del conocimiento, algo que por un momento te mide tu capacidad sobre algo.
En un congreso sobre evaluación en educación en línea realizado recientemente en Escocia, los participantes han puesto de manifiesto que los estudiantes se concentran en aprobar el examen y no en su proceso de aprendizaje y, tal como expresa la profesora de la University of Salford, Helen Keegan, “es triste pero cierto que los estudiantes no están preparados para otra forma de enseñanza que no sea el memorizar”. Pero aunque se cambiara el modelo de enseñanza, si no cambiamos el modelo de evaluación, el comportamiento de los estudiantes seguirá respondiendo igual.
Si queremos que nuestros estudiantes aprendan más y mejor tenemos que proponerles modelos de evaluación diferentes, que les exijan plantear evidencias de que alcanzan las capacidades y los conocimientos que les permitirán crecer en las disciplinas que hayan escogido. Para ello es importante tender hacia lo que se llaman los modelos de evaluación alternativa. Se trata de procedimientos evaluativos que difieren de los tradicionales y que hacen acopio de evidencias de cómo los estudiantes progresan en un ámbito determinado dentro del propio contexto como el aula, el entorno virtual..., y con técnicas que se adaptan a distintas situaciones. Algunos, cuentan con los sistemas tradicionales son los que gozan de más credibilidad y se defienden mejor ante la copia. La realidad se contradice.
Un estado llevado a cabo por los profesores McCabe, Butterfield y Treviño, de la Rutgers University, Washington State University y Penn State University respectivamente, analiza el comportamiento de los estudiantes respecto a los exámenes y sus prácticas de copia en los mismos. Estos profesores llegan a conclusiones muy interesantes.
En primer lugar ponen de manifiesto que, en una clase presencial de 20 estudiantes, entre 13 y 15 han copiado al menos una vez en los exámenes. En realidad, la cuestión verdadera es cómo se diseñan las pruebas que van a servir para evaluar. De hecho, ya hace algunos años que se está trabajando para hacer evolucionar los modelos evaluativos, pero estamos lejos de alcanzar los resultados deseados.
Por otro lado, también es cierto que hay investigaciones que demuestran que la repetición de pruebas evaluadoras ayuda al estudiante a aprender. Esto serviría de justificación a los que mantienen que la evaluación de los aprendizajes es algo fácil de cuantificar, pero cabe destacar que este tipo de pruebas limitan su utilidad a aprendizajes de carácter memorístico.
Y, ¿no son lo suficientemente necesarias las pruebas de clase? Diariamente, también se evalúan a los alumnos por las tareas e incluso en las correcciones de los ejercicios. Los estudiantes demuestran hasta dónde pueden llegar, se buscan la vida con un libro donde se lo explican y pueden llegar a entenderlo y aprender sin la necesidad de un examen, pero en este caso ya te ha ayudado un libro, por lo que ya no sería válido. La conclusión termina siendo la siguiente: “Los exámenes son como la familia en ciertos aspectos: a veces sufres con ellos, tienes malos momentos, saltan chispas de vez en cuando... pero no se puede vivir sin ellos”.
Además, ¿es necesario agobiarse por un examen hasta llegar a llorar? ¿Hasta pasar una mala noche y no dormir? No es necesario. Es conveniente concienciarse e ir lo más seguro que puedas a cada una de estas pruebas, los nervios empeoran. Pero también he de decir que el agobio durante unas semanas puede resultar ser estresante, pero cuando acabas es una sensación de libertad que da gusto.
¿De qué sirve estudiar para un examen de memoria y no acordarse nada en cuanto lo entregues? En la mayoría de casos pasa esto. Los estudiantes estudian día tras otro antes del examen, no con el fin de aprender si no con el fin de quitarse del medio un examen más que será uno menos y aprobar. No se trata de eso, aunque la mayoría de gente lo haga para llegar a una nota, esto no es lo más valioso. La mejor actitud es ir a aprender, no a aprobar.
He realizado una entrevista al profesor de matemáticas, José Antonio Gómez Morillo, para tener una opinión más sobre examinarse con exámenes.
En la opinión de José Antonio opina que sin lugar a dudas, es una de las formas más útiles y una muy buena manera de saber el conocimiento de los alumnos, aunque no la única, pero para él es una buena herramienta.
Una de las preguntas con la respuesta mas curiosa resulto ser la validez entre un examen sorpresa o los habituales, donde el profesor respondió que por parte de un alumno es más valioso aquellos que se prepara con tiempo suficiente, aunque un examen sorpresa para los profesores, ya sea sorpresa o una prueba de clase permite conocer si los alumnos trabajan diariamente.
Para finalizar esta entrevista, hice una pregunta la cual creo que un mayor porcentaje de personas la afirman. ¿Los nervios afectan a la nota del examen? Jose Antonio responde que por supuesto que sí, pueden influir bastante. Los nervios es algo que está presente, pero que los alumnos deben de aprender a controlar.
Como podemos ver después de todo, el examen se ha convertido en un técnica en la cual se deposita la esperanza de mejorar la educación, tanto en maestro, alumnos y en la sociedad. Sin embargo no existe ninguna relación entre realizar exámenes con el tema de la enseñanza. Esto quiere decir que a mejor calidad del examen, mejor enseñanza se imparte en la asignatura, algo que es realmente falso. Nada más falso que este planteamiento.
PAULA RUIZ CABELLO, 4ºA.
Me parece muy buen artículo de opinion el tuyo lo veo muy trabajado aunque no en todo estoy a favor en mi opinion en lo que si estoy a favor lo veo muy bien redactado
ResponderEliminarBuen artículo. Hay algunas cosillas en las que yo no estoy muy de acuerdo, pero por lo demás, perfecto.
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